Una crónica sobre la vida en las faldas del gigante dormido y cómo su presencia moldea la cultura local.
El volcán Ceboruco no es solo una montaña de fuego apagado; es el vigilante silencioso de Ahuacatlán. A través de los siglos, sus erupciones han dejado un legado de tierra fértil y piedra volcánica que nuestros ancestros usaron para forjar sus cimientos...
La magia reside en caminar por sus senderos de lava solidificada y sentir la energía de la tierra.